Arthur Rackham

Arthur Rackham

lunes, 13 de noviembre de 2017

Divagues II

Acá, un conglomerado de ideas, divagues y pensamientos idiotas que escribí para llenar mis tiempos muertos durante el 2016 y el 2017 :


          “En un hambre por salir de la soledad y la locura, uno se encanta con lo más irrisorio y se abraza a lo más esquivo”
  

          "Es la primavera lo que me pone triste, como inconciliablemente adormecida. Cuántas veces vi nacer las flores que luego, paulatinamente, morirán asfixiadas, con sus esperanzas y sonrisas aún a flote. Es la primavera la malvada, la que me trae recuerdos de cumpleaños, de octubres y juegos y calabazas de papel; la que tiñe el aire de un tinte amarillo, la que hace brillar nuestros labios y ojos en los retratos familiares como sumergidos en alegría incondicional; la que hace que las golondrinas regresen, cual aves de rapiña, a sus antiguos lechos y moradas, deseosas de dar a luz sobre los restos de sus hijos muertos; la que baña las veredas de hojas verdes y violetas que perfuman los deshechos, la que trae aromas diversos, dulces y frescos, la que ensancha los pies, la que empapa nuestras blusas de sudor, la que hace que el amor entre parejas absurdas se vuelva sublime, irrisoriamente encantador. Malvada por emocionar, malvada por engañar. Es la primavera lo que me pone triste, felizmente triste, y tristemente feliz”.

            “Me pregunto si puede existir el amor entre un búho y un lagarto”

“Cae y se desvanece una gota sobre el desierto rojo, y el chamán suspira diciendo entre dientes “Una más”. Una víbora hinca sus colmillos hirvientes sobre un huesudo pie, y el viejo chamán suspira entre lágrimas “Por fin”, dos palabras que quedan vibrando como ecos en su barba renegrida, mientras cae, como la gota, sobre el desierto rojo y se desvanece” 

 “Son ficciones, ficciones que uno crea para contentarse, para acompañarse en la noche más oscura, ficciones para no morir”.


“Tratando de entender
qué es
el amor,
y por qué
uno ama,
y odia,
y ama
           otra vez”.  

“Hay algo extraño en hablar a la distancia, uno habla con un otro que pareciera estar ausente, no existir. Y uno se deja “encantar” por palabras emitidas por un Nn, y se deja llevar hasta el punto de querer a alguien que no conoce, o que sí, pero que sólo es un montón de mensajes sueltos en un medio como el Whatsapp. Cuando uno habla por ahí pareciera estar haciéndolo solo, hablando y pensando con uno mismo”. 

“Quisiera que mis lágrimas fuesen pintura y pintar con ellas grandes cuadros cuando caen y se aplastan sobre mi cuerpo y el suelo; quisiera llenar con ellas lo que me rodea de color y sentir que llorar sirve, al menos, para algo”.

“Cómo me gustaría poder averiguar si el pensamiento y el sentimiento, la razón y los sentidos, están realmente disociados o si esto no es más que otra de las vagas y limitantes conceptualizaciones en las que hemos enrollado nuestra existencia desde hace siglos”.

“Muebles y parafernalia, sillones tapados por sábanas, fantasmas del pasado; signos de que antes hubo una fiesta y ahora ya no queda nada”. 

"Ay este spleen femenino del siglo XXI, nada me gusta, nada me conforma... un libro no es suficiente, ni la ropa, ni un celular, ningún objeto me viene bien, ningún hombre me viene bien, nada, nada... Sólo spleen, hastío, un magno repudio por el presente, una magna nostalgia por el pasado. Siglo XXI se sufre acá en la cabeza y en la vista, ante esta ventana que mira hacia la calle sucia y al mundo en donde no quepo, yo Melissa, ni quiero caber".   - 2016

"Estamos eternizados en el tiempo cíclico, que nunca frena, que siempre se va y siempre vuelve. Estamos inmovilizados en la esfera invisible que es el tiempo; no hay avance ni retroceso, sólo un estado, un tiempo fáustico eterno, y nosotros vivos anhelando lo inalcanzable, acompañando esos movimientos errantes, aburridos, ya vistos, ya dichos, ya vividos."  - 2016
“Yo me consumo y me apago como el fuego. No importa que no quiera, basta un vientito, un soplido y ¡puf! dejo de existir”.
 

“Por las noches la ciudad es un cementerio, y los edificios son las bóvedas”.

“Fantaseo con las letras fantasmas del olvido, fantaseo con los sutiles respiros del humo y la noche más fría. ¿Quién me habla del más allá, a través de los eones de sombras, de tiempos, de distancias? ¿Quién me habla y quién calla, entre tantos lunáticos, entre tantos ojos que susurran mi nombre deformado y recorren mi cuerpo desnudo?. ¿Por qué mi paso trémulo entre calles abismadas siempre es mi única compañía? Soy Melissa, quizás por eso, quizás sea eso”.

Microrrelato: Laberintia Mundi Litteris



Laberintia Mundi Litteris1


No hay salida. Giro a la izquierda, otra vez, y otra vez, y otra vez; no, no hay salida. Mis pesadillas se cumplieron. Estoy en un laberinto ¿Cómo llegué hasta acá? ¿Yo acaso lo deseé? No, simplemente vi cómo un señor con ojos ciegos ponía su pluma sobre mi cabeza y comenzaba a danzar; comenzaba a escribirme y a crear este espacio, este cuento, esta pesadilla. Por eso digo, no hay salida. Y es que giro a la izquierda, y sólo me encuentro con pasadizos y senderos que no llevan a ningún lugar. Yo también leí cuando era joven a mi creador, y me enteré del truco que desenmaraña a todo laberinto: girar a la izquierda.  Confié en él y en ese secreto que nos revelaba en alguno de sus cuentos; pero mintió, yo  soy parte ahora de esa mentira y la sufro. Después de todo, un caos no puede ser desenredado: paredes y caminos, arboledas, huellas, hiedras, bancos, escaleras falsas, puertas, senderos, papeles, libros; desfiladeros inconclusos, líneas de palabras sin terminar, huecos, anacronismos, intemporalidades, revisiones, bibliotecas llenas de revoltijos y desorden no-causal. Estoy en un espacio caótico, sin salida. Sin salida. Giro a la izquierda pero ¿acaso existe la “izquierda” en un caos? ¿Acaso aquí existe el punto de referencia y un vector marcando dirección? No. Estoy en el desorden mental de un viejo escritor que ha leído mucho, que se sabe todos los trucos literarios, que sabe cómo cerrar todas las puertas dentro de un propio universo con leyes propias. Perverso escritor, conoce cómo sorprender y confundir dejando a un lector en el limbo; perverso escritor, no es consciente nunca de lo que termina escribiendo, de las monstruosidades que crea, y de quiénes deja adentro. Yo estoy dentro de sus ideas devenidas en palabras; estoy en la obra de Borges, en uno de sus cuentos. Y es una pesadilla.


1  Los laberintos del mundo de las letras”.
 

Una conversación



Una conversación

-Hola
-Hola
-¿Cómo estás?
-¿Quién sos?
-Yo.
Tu amigo.
-¿Qué amigo?
-¿No te acordás de mí?
-No. ¿Cómo te llamás?
-No importa cómo me llamo.
-Me parece que te voy a tener que bloquear. Decime quién sos.
-No importa quién soy. Importa qué te tengo que decir.
-…
-…
-¿Y?
-Que tengas cuidado. No te des vuelta.
María cerró Whatsapp enseguida. Le temblaban las manos. Iba a darse vuelta pero le vibró el celular otra vez. Lo abrió.
-No te des vuelta.
No prendas la luz,
No abras la ventana,
Te estoy observando.

Microrrelato: Extrañamiento



Extrañamiento


Llegamos a la gran isla -así la llamaban todos- un día gris y lluvioso. Así pisé por primera vez aquella tierra negra, parecía quemada por un rayo o un gran fuego. La gente que vi me miraba con asombro, algunos se acercaban a tocarme... extraña forma de recibirnos. No éramos muchos, sólo cinco nos habíamos animado a viajar. Apenas vestidos con lo puesto y con un par de facas en los cinturones nos adentramos en esos baldíos, dominados por hombres del color de la leche. Sus aldeas eran tan... tan extrañas e incómodas, con puertas, muros, fortalezas dentro de fortalezas. Los hogares en nada se parecían a los nuestros; tenían muchas salas y paredes redundantes, recovecos oscuros y fríos. Los jardines trataban de imitar a la naturaleza que tenían a su alcance. Sus ropas también eran insoportables. Su comida no era tan buena como la nuestra. Sus rostros parecían felices pero, con una mirada más atenta, podías descubrir los secretos escondidos  y las lágrimas en los ojos; muchos de sus dientes, esto es curioso, eran de madera u oro. Sus palabras también escondían algo... no sé muy bien, pero sentía que siempre andaban mostrando y ocultando. Y aunque mucho aprendimos de ellos y mucho nos enseñaron  sobre sus conocimientos, nunca pudimos adaptarnos del todo.
¿Quiénes eran ellos?  ¿Quiénes éramos nosotros para  ellos  y ellos para    nosotros?
¿Por qué este encuentro? Estas miradas lejanas se entrecruzaban, estas manos y respiros en una misma habitación, ¿qué hacíamos allí? No lo sé, nunca lo supe. Sentí que lo mejor era protegernos; sentí que mi deber era estar aquí con ustedes otra vez. Sentí que tenía que hacerlo por ustedes.
Atacamos antes del amanecer. Cuando todos dormían. Chillaron como salvajes... nosotros también.